Manizales en manos de la mafia

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

¿Qué le pasa a Manizales? ¿Cómo hay que decirle a su gente y demostrarle que a la ciudad se la están robando y que están acabando descaradamente no solo con su presupuesto, sino con su patrimonio histórico, su infraestructura, sus proyectos de curso normal, sus vías, edificaciones, sitios turísticos, y hasta con el ánimo, ímpetu y voluntad de sus habitantes? ¿De qué forma hay que demostrarles que estamos en manos de una mafia perversa que está acabando con nuestras esperanzas y con ese “mejor vividero de Colombia”?

Lo que nos está pasando en Manizales deja en evidencia la selectividad con la que alguna parte de esta sociedad que ha señalado culpables, acusado sin fundamento o degoyado funcionarios sin pruebas o sustentos (cuando no cedieron a sus apetitos), hoy omite reaccionar o manifestarse ante la realidad, ya que el alcance de la corrupción le cobija; cómo una parte de la sociedad civil que ha estado presta para condenar a priori o destruir honras y mancillar personas y familias, de un momento a otro pasa a ser silente espectadora de las peores aberraciones, mientras abre sus bolsillos para recibir las dádivas que le genera su asociación en entidades deplorables.

Este estado de idiotez en que nos encontramos permite, por ejemplo, que el 19 de octubre se adjudique la Ptar, obra que podríamos considerar el monumento al descaro y el cinismo. Una obra que fue votada negativamente por Carlos Mario concejal en 2018; que en 2019 sufrió su persecución sustentada en mentiras, consejas y espectáculos pueriles; que fue satanizada por el mismo individuo, ya en calidad de alcalde electo, ante la Procuraduría General de la Nación porque supuestamente no tenía un diseño ajustado, la tecnología y el lote de ubicación eran inadecuados, el presupuesto estaba sobrevalorado y la licitación estaba amarrada y carecía de pluralidad; que fue instrumentalizada para hacer campaña política sin importar las multimillonarias consecuencias que de ello se derivarían. Una obra, repito, que fue deplorable porque no podría ser controlada por el partido verde, hoy se presenta como la panacea y como la mayor realización de una administración mafiosa.

¿Podrá ser la panacea una obra con un proceso licitatorio lleno de secretos, misterios, mentiras, manipulaciones, direccionamientos y falta de ecuanimidad y transparencia? ¡Nunca! Porque lo que hoy tenemos careció de pluralidad, aumentó los costos, disminuyó el caudal, se mutaron condiciones favoreciendo al contratista y expuso aún más a Aguas de Manizales y al municipio. Un proyecto en el que están comprometiendo vigencias futuras amparadas en desinformación, tergiversación de la realidad y desgreño presupuestal, no puede ser la panacea; es, por el contrario, la perdición y la ostentación de la impudicia.

Y vuelvo a preguntar: ¿Qué le pasa a Manizales? ¿Por qué el silencio de su gente? ¿Será tanto el poder del dinero, la corrupción y la politiquería, como para haber causado esta degradación de los valores; para habernos despojado del civismo que siempre nos caracterizó; y para permitir que una ciudad que se cuidó de que las mafias la penetraran en los tiempos más aciagos, hoy se deje dominar de estos capos investidos de funcionarios que se pasean orondos haciendo aspavientos y exponiendo el descaro y la desvergüenza como sus mejores joyas?  

Lastimosamente, todo parece indicar que sí. Todo indica que Carlos Mario Marín y sus secuaces se han sabido mover hábilmente en todos los estamentos y han logrado penetrarlos para obtener su silencio, su aquiescencia, su complacencia, su connivencia y hasta su colaboración activa, societaria, pública y vergonzosa. Todo indica que lo único que nos queda es esta protesta pacífica, ya que los órganos de control y de justicia locales prefirieron aliarse con la administración; parte de los gremios prefirió ceder a sus prebendas; gran parte de la prensa escondió sus plumas y micrófonos o las pusieron a su servicio; y las mayorías del Concejo claudicaron hace rato a cumplir con su deber de control para beber de las mieles de una jarra que ellos mismos llenaron. Es decir, los pocos controles que pudieran existir han declinado en favor de la administración más corrupta en la historia de la ciudad. ¡Pobre mi Manizales!

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