¡No nos intimidan!

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO
 
Leonard Cohen dejó para la historia el siguiente aforismo: “A veces uno sabe de que lado estar, simplemente viendo quiénes están del otro lado”. Y lo traigo a colación porque, a pesar de que este debate electoral ha sido uno de los más sanguinarios, degradantes y desgastantes de los últimos tiempos, no cabe duda de que un elemento determinante para definir el voto es mirar la composición de las campañas, las compañías y directivas de las mismas, y los métodos y prácticas utilizados en ellas.
 
En una campaña cuyos principales miembros e inspiradores son las Farc, el ELN, la Primera Línea, Roy Barreras, Benedetti, Samper, Cepeda, Tornillo, Timochenko, Teodora, Juan Manuel Santos, Gustavo Bolívar, Claudia López; y otros de menor rango pero peor estofa como Santiago Osorio, Carlos Mario Marín y demás dirigentes locales ineptos, clientelistas y corruptos, no hay que ser muy perspicaz para asegurar que estamos del lado correcto quienes nos oponemos a ser gobernados por esta escoria. No hay que tener tres dedos de frente para asegurar que un gobierno de Petro sería la peor tragedia de Colombia y que, terroríficamente, sería de duración indefinida. 
 
Pero no hay que ir muy lejos para determinar que estamos del lado correcto. Veamos simplemente los petrovideos y comprobaremos los métodos viles utilizados, y la falta de escrúpulos del candidato y su campaña donde el fin justifica los medios, así estos medios arrasen personas, familias, instituciones, sentimientos, honra, honor y vida de quienes ellos consideren un peligro para sus intereses.
 
Y, si reducimos un poco más el espectro, podemos ver el núcleo familiar de Petro y comprobar que la maldad y la vileza nacen en el propio hogar y se extienden hasta la sociedad: el candidato no tiene reatos para utilizar todas las formas de lucha, que es el término utilizado por el terrorismo para determinar que se tiene que hacer su voluntad, so pena de arrasar con todo a su paso; no tiene vergüenza ni temor de delinquir en cualquiera de sus formas, pues se sabe protegido por una justicia que indefectiblemente termina arrodillada ante sus designios; no tiene escrúpulos para aterrorizar y atentar contra las instituciones y las personas como uno de sus métodos más efectivos, pues se siente protegido por quienes ceden ante sus amenazas y terminan rodeándolo. 
 
Su esposa, Verónica Alcocer, se atreve a degradar a las mujeres en cabeza de las periodistas a quienes trata de meretrices cuyo ascenso en los medios, según ella, tiene oscuros méritos. Dice, refiriéndose a las periodistas: “…les va bien porque todas entran de reporteras y todas terminan en lo mismo, casándose con los dueños. Para eso están ahí…”. (A propósito: ¿por qué el silencio de aquellas comunicadoras feministas que suelen quejarse por simplezas como el cántico de unos soldados en entrenamiento, y hoy ni se inmutan ante el machismo de quien quiere ser la Primera Dama?).
 
Y su hija, Sofía Petro, quien ha vivido becada en Europa, y se ha alejado de esta triste realidad colombiana para disfrutar de las mieles de la oligarquía en países ajenos a los desastres que su padre origina en Colombia, amenaza a los colombianos con que si su “papi” no queda de presidente, se generará un “estallido social” peor que el del año pasado. Es decir, incita a la violencia sin miramiento alguno y amenaza al país con someterlo a desmanes peores que los de la toma guerrillera de hace un año. 
 
Papá, mamá e hija en la misma línea: en la primerísima línea amedrentando el país. Esto es genético, incontrolable y de extrema gravedad. Y es la causa para que los colombianos de bien nos defendamos con la única arma que tenemos: el voto. Hoy más que nunca, y ante amenazas tan evidentes y de tanta peligrosidad, no nos podemos dejar intimidar de estos sinvergüenzas que no escatiman un solo esfuerzo, por execrable que sea, para apoderarse de Colombia. 
 
El próximo domingo es el día más importante de nuestra historia. Porque es el día en que definiremos si continuamos en democracia o le entregamos el país a las garras del comunismo. ¡A votar pues!
 
¡Rodolfo presidente!
 

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