Una pesadilla

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO
 
Están en un lugar recién adquirido por el alcalde. En la piscina chapotean varios secretarios del despacho y compañeros de desorden juvenil. Se consume licor y algunas sustancias prohibidas, y el jolgorio denota una rumba donde todo el mundo disfruta del desorden y el vicio. ¡La vida hay que gozarla! Ese es su lema.
 
En un extremo de la piscina, aislados, el primo candidato conversa con su primo alcalde: 
 
–Me está entrando una seria preocupación: siento que mi campaña se desinfla y que el fervor se está perdiendo a pasos agigantados. –le dice el candidato Santiago Osorio Marín al alcalde.
 
–La prensa nos ha hecho mucho daño –dice el alcalde. –Esos malditos periodistas independientes no nos dejan vivir y los noticieros nacionales han venido a invadir nuestro feudo para replicar lo que hacemos. Pero conservemos la esperanza de que en esta semana escasa que nos falta, podamos atemorizar más funcionarios, invertir más recursos y conquistar los votos de los incautos que puedan creer en nuestra millonaria opción. Dinero es lo que tenemos…!
 
–¿Y qué tal si nos victimizamos, nos declaramos perseguidos políticos, decimos que todo es una trama para desprestigiarnos y posamos de mártires de los partidos tradicionales? –le dice el candidato al alcalde. –Esa estrategia es la que utilizan nuestros aliados Petro, Teodora, Santrich y demás criminales, y siempre les da resultado.
 
–Podría ser… podría ser… – dice el alcalde –Pero debemos esperar la visita de nuestro ídolo Petro. Hay que instruir bien a los fotógrafos para que los planos sean adecuados y parezca que la plaza está llena. Eso sí, que se cuiden de mostrar los indígenas y de dejar en evidencia que los asistentes son los mismos de Armenia y Pereira.
 
–¿Usted estará en tarima con Petro? –pregunta el alcalde. –¡Pues claro! –responde enfáticamente Osorio –con esto le probamos lealtad, firmeza y acompañamiento y mantendremos cautivo a tanto inconsciente que tiene la esperanza de vivir sin trabajar y recibir subsidio por todo y para todo. No podemos desperdiciar esa oportunidad.
 
Aunque hay algo que me atormenta –se queja, preocupado, el candidato – En septiembre de 2020, dije en un trino: “En un país decente @petrogustavo ya estaría en la cárcel por incendiario. Les sugiero entrar a su twitter para que vean el peligro que supone para la democracia. Un líder no capitaliza ni hace política del caos.”. En otro, dije: “Gustavo Petro hace marketing con la muerte.”. –¿Qué dirá nuestro ilustre invitado si llega a saber que esto es lo que pienso realmente de él?
 
–¡Tranquilo, hombre…! –le dice el alcalde –Nuestra política no es de lealtad, honestidad ni, mucho menos, decoro. A Petro no le incomodan esas cosas, pues esa ha sido su forma de proceder siempre. Por el contrario, eso demuestra que estamos preparados en la perversidad y que somos los aliados adecuados para su proyecto político. Él abomina la decencia. ¿Acaso no ha visto la lista al senado que estamos apoyando? Parecen escogidos por la extensión de su prontuario y nosotros estamos haciendo méritos totales para ser sus aliados perfectos. ¡No se preocupe por esas nimiedades! –remata el alcalde, haciendo gala de su cinismo.
 
Y hay otra cosa –le dice el candidato: –los funcionarios que hemos constreñido están diciendo soterradamente que no votarán por mí, pues se sienten indignados y explotados. ¿Qué hacemos?
 
No sea tan negativo, hombre, –responde el alcalde –¿Acaso no se da cuenta de que mi carisma es arrollador y de que soy un youtuber al que la gente adora? ¿Acaso no se ha dado cuenta de quién soy yo en verdad, y de la forma efectiva de conseguir lo que me propongo?
 
–Sí, primo. Si me doy cuenta de todo –responde el candidato sollozando y a punto de expulsar una lágrima. –Y ese es el verdadero problema: porque no solo yo me doy cuenta de eso, sino que los electores ya detectaron la trampa que les urdimos, y seguramente este será nuestro fin. – Y se fundieron en un abrazo de llanto profundo, mientras sus compinches disfrutaban de una riqueza que se les apareció repentinamente y que, si la lógica de la vida funciona, les durará muy poco. 
 
Y aquí desperté. ¡Fue solo una pesadilla!
 

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