La subasta del Mira 

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

La siguiente es una transcripción de uno de los principios del partido Mira: “Incorpora la ausencia de motivaciones o provecho particular y por el contrario guía el actuar a partir del comportamiento exclusivamente por los valores, por el interés general. Desde una práctica política, este principio se explica, por ejemplo, con lograr el apoyo ciudadano a partir de la aceptación progresiva, del crecimiento sostenido de la renovación. De este modo, se prescinde, verbigracia, de realizar alianzas electorales que sacrifican la independencia e identidad de la Renovación Absoluta®.”.

¿Y qué hace entonces el partido Mira aliado con Carlos Mario Marín, sumándole votos a su candidato a la cámara a cambio de burocracia en el municipio? ¿Esa es la renovación absoluta a la que le apunta ese partido? ¿Prescinde en realidad de alianzas electorales para conservar su “independencia”? ¿Hay de verdad ausencia de motivaciones o provecho particular para defender los valores y el interés general? ¡Falso!

¿O será que le están haciendo honor a su himno que dice: “Mira, Mira, Mira es el movimiento que le cambiará el rumbo a nuestra nación, porque con el Mira iremos venciendo ese mal terrible que es la corrupción”. El partido Mira cada vez evidencia más que es una agrupación que utiliza sus homilías politiqueras para convencer incautos de que están obrando bien, y de que no hay en los poderes mundanos nada que sea más correcto que sus prácticas. Pero si vamos al fondo, encontramos un agrupación que lo juega todo por el poder, y que sus mal llamados principios no son otra cosa que fines mediante los cuales se camuflan en ese espacio terrenal que tanto dicen despreciar. 

¿O cómo podríamos catalogar entonces el juego que hoy destapa el Mira con la alcaldía de Manizales? Aliándose con la administración más oscura en la historia de la ciudad, ¿irán “venciendo ese mal terrible que es la corrupción”? ¡No señores! A los corruptos se les combate con denuncias, hechos, demandas, manifestaciones públicas o con control en las entidades dotadas para ello. No se les combate con complacencia, connivencia, participación burocrática o presupuestal, o con alianzas perversas y maquiavélicas que contradicen lo que profusamente pregonan. 

Y soy consciente de que por esto no se puede acusar ni juzgar a sus seguidores. Porque dentro de ellos hay miles de personas buenas que llegan convencidas de obrar bien y de que contribuyendo a su movimiento están adquiriendo su salvación. Están convencidas de que su aporte al partido, del que poco las dejan conocer, pero mucho las obligan a dar, es una contribución justa, cabal, adecuada y honesta, y de que sus actuaciones se ajustan a procederes transparentes. Y sí: los de muchos militantes sí que se ajustan; más no así los de gran parte  de sus líderes que aprovechan su posición para acceder al poder y lucrarse de él. Líderes que mercadean los votos de sus seguidores y venden o canjean posiciones en pactos secretos, pero en público dicen abominar esas prácticas.

Y lo digo con conocimiento de causa, pues hace apenas dos años  las directivas del Centro Democrático negociaron con ese partido (de manera oculta y perversa) posiciones en la Asamblea de Caldas y el Concejo de Manizales, y acordaron una alianza que le proporcionó al Mira la garantía del umbral que, de otra manera, no hubiera conseguido. En su momento protesté por esa alianza y dejé sentada mi posición al respecto. Hoy veo que este es un proceder sistemático de ese partido (como el de todos los demás) y que esos principios que dice defender no son más que una farsa montada para obtener beneficios particulares; solo que ellos denuestan lo que hacen los otros, mientras debajo de la mesa proceden con mayor falsedad. 

Son tal vez los mejores aliados del alcalde verde, pues son expertos en pregonar honestidad, transparencia, justicia y verdad, pero en la práctica son expertos en subastas perversas, en desconocer la transparencia que pregonan, y en actos totalmente contrarios a los que supuestamente los rige. Son, en pocas palabras, defraudadores de conciencias y abusadores de lo público. Tal para cual.

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