Línea 3 del Cable Aéreo: nuevo botín

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

Después del anunciado debate en el Concejo de Manizales relacionado con el nuevo engendro creado por el alcalde verde, Ideas Más, quedamos aún más preocupados por lo que le espera a la ciudad en manos de una administración corrupta, mafiosa, desproporcionada, desvergonzada y violadora de todos los principios legales, éticos, administrativos y de decencia y decoro.

Es claro el direccionamiento de un primer contrato de relevancia desde Infimanizales a Ideas Más, para la gerencia de la línea tres del cable aéreo que, en palabras del propio gerente, corresponde a un proyecto que “aún no está diseñado”. Es decir, por la sola voluntad del alcalde, se contrata con esta empresa que no tiene experiencia alguna, y se le delega la gerencia de un proyecto de $ 150.000 millones para la construcción de una nueva línea del cable aéreo, que no cuenta con diseños, pero que mediáticamente ha sido anunciada como un hecho. Es la irresponsabilidad llevada al extremo. ¡Es el mayor alarde de corrupción y cinismo, sin reatos y sin temor alguno a castigo, reacción social, control estatal o consecuencias jurídicas o económicas!

Pero, además, tienen el descaro de justificar la inexperiencia de la empresa con la trayectoria de su gerente. ¡Por Dios! Los dineros públicos deben ser ejecutados con el mayor cuidado y rodeados de las más absolutas garantías de protección, pues son dineros de los ciudadanos que confiamos al Estado su salvaguarda. Y, en este caso, esa protección es nula, pues cuando se contrata con una persona jurídica, y se exige experiencia en las actividades relacionadas, se pretende que esa persona jurídica tenga la estructura suficiente para que nunca dependa de las personas naturales que las regentan o hagan parte de su staff humano, y así garantizar a su vez que los avatares de la vida de los empleados no vayan a ser la causa del incumplimiento del objeto contractual.

En este caso, por el contrario, insisten en que la garantía del éxito de haber amañado y direccionado la gerencia de una obra de valor millonario, radica en que el gerente de Ideas Más es una persona con la experiencia suficiente, y tal vez única, para afrontar el contrato. Y si mañana, Dios no lo quiera, ese gerente sufre una incapacidad permanente, o fallece, o simplemente decide dejar su trabajo, ¿cuál será el futuro de lo que se contrató? Si esta persona es tan suficiente, única en su género y de sapiencia exclusiva como para haber desechado las demás empresas que, como personas jurídicas demostraban experiencia, capacidad y solvencia, ¿significa que no habrá reemplazo que le supere o persona que se le iguale? ¿Quedamos entonces dependiendo de su voluntad porque no hay nadie en el mercado que lo pueda suplir? Y si no es así, ¿por qué nos mienten justificando el direccionamiento del contrato en la supremacía inalcanzable del gerente?

Estas son las consecuencias de privatizar el presupuesto público a través de eufemismos jurídicos, pues al saltar las reglas y normas de la contratación por Ley 80, mediante una empresa de servicios públicos de economía mixta, se están perdiendo todas las dimensiones de protección que el propio Estado ha diseñado para conservar el buen manejo de su presupuesto, y se le está entregando a personas que, como en nuestro caso, carecen de escrúpulos y se han dedicado a acumular un gran botín para hacer de él su mayor tesoro.

Y, para terminar, hay que recalcar las incoherencias de todo este engendro: el gerente de Ideas Más dice que garantiza el buen manejo de los recursos amparado en un “gobierno corporativo”. Pero a su vez dice que la millonaria contratación se hará bajo un reglamento interno, que en los últimos días ha sufrido serias modificaciones para acoplarlo a lo que le sugieren en la calle. Es decir, garantiza el manejo de la contratación porque operará bajo un reglamento propio, pero admite que este es voluble y está expuesto a los cambios que “su” mercado requiera. Y, por otra parte, el socio privado y cómplice “cívico” de este despropósito, afirma sin sonrojarse que los gobiernos corporativos de las empresas públicas “no sirven para nada”. ¡El acabose!

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