¡Salud por El Mono! (¡Descarados!)

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

El 22 de septiembre de 2010, Colombia se liberó de un criminal despiadado que hacía gala de su descaro, cinismo, perversidad y crueldad en todos los rincones del país. Ese día cayó abatido en La Macarena, producto de la operación “Sodoma”, perpetrada por el Ejército Nacional, el Mono Jojoy, junto a más de veinte terroristas que lo acompañaban, custodiaban y protegían. Se le reconocía como el máximo comandante militar de las Farc y jefe del Boque Oriental, uno de los más sanguinarios de ese grupo criminal.

En su contra se produjeron condenas por terrorismo, homicidio en persona protegida, daño en bien ajeno, concierto para delinquir, homicidio agravado con fines terroristas, desaparición forzada, reclutamiento ilícito, secuestro simple, secuestro extorsivo, hurto calificado, desplazamiento forzado, utilización de medios y métodos de guerra ilícitos, actos terroristas, lesiones personales con fines terroristas, rebelión, extorsión, y fabricación y tráfico de armas de uso privativo de las Fuerzas Militares. Estaba condenado a más de 200 años de prisión y tanto el gobierno de EEUU, como el colombiano, ofrecían millonarias recompensas por su captura.

En la mente del ciudadano del común, pesan aún las imágenes de los secuestrados por ese grupo terrorista, sometidos a deplorables campos de concentración, encerrados inhumanamente en lotes de terreno rodeados de alambres de púas, dentro de los cuales se sometían a ignominiosas torturas a soldados y civiles que cayeron bajo la crueldad de ese criminal. 

De esto puede dar fe nuestro representante a la Cámara, Oscar Tulio Lizcano, quien sufrió durante años en carne propia el secuestro y tratamiento despiadado de las Farc, bajo las órdenes criminales de este individuo. Y cientos de víctimas que sufrieron lo indecible bajo las garras de este monstruo, más los familiares de miles de hombres, mujeres y niños que murieron como consecuencia de sus actos terroristas.  

Por eso indigna que el grupo denominado “Comunes” (antes Farc) se haya explayado en homenajes públicos conmemorando la muerte de su líder, en actos que se traducen en apología al delito, al terrorismo, la violación a los derechos humanos, los tratos crueles y la barbarie. Duele e indigna que aquellos que compartieron con el Mono Jojoy su perversidad, hoy se encuentren impúdicamente exaltando la memoria de ese criminal desde las muelles sillas del Congreso de la República, en un claro desafío a la decencia, al respeto por los colombianos y al sufrimiento de miles de personas que no han podido superar la muerte o desaparición de sus familiares y tienen que ver, con impotencia, cómo sus victimarios se solazan impúdica e impunemente por sus actos despiadados.

¿Es eso justicia? ¿Es justo que las Farc, hoy mimetizadas en el grupo “Comunes”, sigan públicamente haciendo gala de su crueldad e indecencia y desafíen al país de esta manera? ¿Podremos hablar de reparación cuando los gestos más significativos de estos criminales se traducen en homenajes a la barbarie, el terrorismo, la crueldad y el trato despiadado e inhumano? ¿Tendremos que seguir soportando la revictimización provocada por los terroristas que, con el mayor cinismo e irrespeto por el país, aprovechan las gabelas usurpadas al constituyente primario, para hacer alarde de su impunidad y descaro? Y tienen la desvergüenza de brindar públicamente por este criminal, y decir: “¡Salud por el Mono camaradas! ¡Por la revolución y que viva Colombia!”. ¡Maldito terrorismo! 

Nada tienen qué envidiarles las costumbres de ese líder, por quien hoy brindan sus descendientes terroristas, a los comportamientos aupados en las pasadas revueltas que desde finales de abril asolaron a Colombia. Estas son, entre otras, algunas de las prácticas impulsadas por Gustavo Bolívar y Gustavo Petro para desestabilizar el país y movilizar unas masas de desadaptados que causaron billonarios destrozos en todo el territorio nacional. A esto apuntan las intenciones de Aureliano y Teodora (hoy aliados en los Decentes), quienes creen tener la fuerza suficiente para apoderarse del país, sin mirar que la sociedad quedó hastiada de sus vilezas, bajezas y perversión. ¡Ojo con el 2022!

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