Síndrome de la ventana rota

Con inmenso pesar hay que admitir que Manizales está sufriendo el “Síndrome de la ventana rota”, que no es más que esa indolencia que “transmite una idea de dejadez y desinterés que, poco a poco, destruye códigos de convivencia y civismo.  Con cada nuevo ataque aumenta de forma exponencial la propia idea de dejadez y acaba dando paso a un ciclo en espiral.” (ecoesmas.com).

Qué lástima, pero es así. Porque ante la indiferencia del alcalde, crecen los rotos en las calles; las rejillas de alcantarillas, medidores y desagües se convirtieron en trampas; los parques, zonas verdes y edificios públicos se encuentran en estado deplorable; la carrera 23 se convirtió en una galería; las pocas señales de tránsito que no han sido vandalizadas por  los terroristas de los paros, están en estado crítico, oxidadas y deterioradas; las fuentes que otrora embellecieron parques y zonas de reuniones públicas, hoy son albergue de basuras, excrementos, aguas estancadas y focos de infecciones; los paraderos de buses, parques infantiles, esculturas y obras de arte que hasta hace muy poco eran orgullo ciudadano, ya son peligrosas armas contundentes que ponen en riesgo la integridad de los ciudadanos; las cámaras de vigilancia dañadas o inoperantes; los puntos de visita alternativa como la oficina de información turística del Parque de Caldas, Monumento a los Colonizadores o Mirador de Milán, están sumidos en el abandono y la desidia; la iluminación de puentes, túneles y calles tradicionales está totalmente abandonada; los ecoparques perdidos en los bolsillos de unos pocos… 

Y ante esta triste situación, ese ciclo en espiral crece día a día y aumenta de forma exponencial, transmitiendo un mensaje de abandono que hace perder el civismo del que durante tantos años hicimos gala. Hace apenas dos años teníamos una ciudad para mostrarle al mundo y éramos orgullosos de atender visitantes de todas las latitudes. Hoy, la vergüenza nos acompaña y esa Manizales alegre, hidalga, señorial, cívica y altiva solo está en los informes de la alcaldía (cada vez más falsos y engañosos) y en el aura que rodea al primer mandatario y lo mantiene en una burbuja de perfección, impidiéndole mirar la triste realidad. 

Una burbuja creada por sus adláteres que se lucran con el erario; por la prensa enceguecida donde han ido a parar miles de millones de pesos de publicidad; por su equipo cercano que alevemente está consumiéndose la ciudad; por los gremios, que prefieren guardar silencio, antes que perder los beneficios contractuales; por los políticos, que no se atreven a levantar su voz para defender a Manizales; por esos doce concejales cómplices, que irresponsablemente le siguen entregando miles de millones a esa mafia enquistada en la alcaldía; por el silencio de la gente trabajadora que ve cómo se disminuyen sus negocios y mueren sus esperanzas; y por esos entes de control y de justicia que callan, tapan, cohonestan, se amangualan y se lucran de la ineptitud, indolencia y corrupción de la administración.

Es una ventana rota que trascendió hace rato la sola dejadez. Traspasó los límites de la decencia y la justicia. Arrasó los ímpetus de inversionistas, empresarios, constructores, estudiantes y ciudadanos de bien. Una ventana rota que la administración no se preocupa por reparar porque, en medio de su aparente inocencia y su sonrisa infantil, sabe que es en las aguas del desorden donde puede pescar recursos para la próxima campaña política, iniciada desde ya en la oficina de la primera gestora en favor de su candidato a la Cámara (ver foto adjunta), a quien impúdicamente apoyan con recursos de todos. Es una ventana rota que genera los réditos económicos ya comprobados, bajo el amparo que les da la impunidad y la dejadez de la justicia.

O, tal vez, más que una ventana, es un “espejo” roto que está acabando con la ciudad; con las esperanzas de su gente y el emprendimiento de sus juventudes. Esas juventudes que se dejaron seducir por la ostentación, el desafío y la alharaca, y al final encontraron que ese espejo era solo un aparatoso espejismo. ¡Ese espejismo hoy agazapado que sigue dominando en la sombra y degradando y quebrando a nuestra Manizales de malva! 

La primera gestora, quien se encarga de las obras sociales de la alcaldía, haciendo política abiertamente mientras maneja millonarios recursos de los manizaleños. ¡Esto es vergonzoso!

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