El alcalde debe responder

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

El doctor José Ignacio Arciniegas denunció ayer en su columna del diario La Patria, la forma como el alcalde, Carlos Mario Marín, en contubernio con su entrañable amiga, Sandra Liliana Hurtado Silva, directora científica del Hospital San Isidro, se tomaron esa entidad de una forma irregular, perversa e ilegal pensando tal vez que nunca nos enteraríamos de sus triquiñuelas. La citada señora accede al cargo a través de documentos falsos y, cuando es descubierta, puesta en evidencia y denunciada ante la Fiscalía General de la Nación, el alcalde verde le pide la renuncia y piensa que con esto queda arreglado el asunto. ¡Qué tal!

El alcalde, en su calidad de servidor público, no solo debe pedir una renuncia protocolaria (tratando de atenuar el daño y proteger a su amiga), sino denunciar ante la autoridad competente la comisión del delito, pues así está consagrado en el código de procedimiento penal. De no hacerlo, el propio alcalde estaría cometiendo una falta disciplinaria por incumplimiento de un deber, y la Procuraduría entonces, de oficio, debería entrar a mediar en el asunto (¡Ja!).

El infortunio es que este no es un caso aislado. La remoción de funcionarios en Aguas de Manizales, Invama, Infimanizales y otras entidades donde se hicieron nombramientos a personas inhabilitadas, indelicadas, corruptas o ineficientes han generado una inestabilidad empresarial y administrativa en el municipio, que ya se ve reflejada en los estados financieros y en los resultados presupuestales, operativos, económicos y sociales. 

Esta semana, por ejemplo, ante la visita de la Fiscalía General de la Nación a Aguas de Manizales, se dio la terminación del contrato de Sandra Garzón, líder de talento humano, por estar inhabilitada, cosa que se había advertido con anterioridad, pero se hizo caso omiso a las advertencias. Y lo mismo sucedió a finales del año pasado con Arturo Espejo Arbeláez, denunciado penal, fiscal y disciplinariamente por las irregularidades en la contratación del alumbrado público de Manizales: el alcalde, al ver el desgaste al que estaba sometiendo al Invama y el cúmulo de anomalías cometidas en tan corto tiempo, decide “premiarlo” con el traslado a la gerencia de Emsa, pensando tal vez que con ello podría evadir sus responsabilidades y pasar de agache ante las autoridades. Todo parece indicar que se estrellaron con la realidad y terminará respondiendo ante la justicia. ¡La ley de la compensación es implacable!

Como vemos entonces, el caso del Hospital San Isidro (que reviste una inmensa gravedad) infortunadamente no es aislado y, por el contrario, parece obedecer a comportamientos sistemáticos de la administración Marín. El desgreño administrativo es grande; la inestabilidad empresarial es enorme; y el boquete para la corrupción es desbordado y tal vez aupado por esos funcionarios que piensan que renunciando a su cargo cesa su responsabilidad. Y cuando se presentan situaciones de este calibre donde la sistematicidad es evidente, la ineficiencia es palpable y los atropellos a la ley son el pan de cada día, la responsabilidad tiene que trascender hasta la cabeza, porque es allí donde se originan, y lo que se delegan son las funciones, más no las responsabilidades.

Y vuelvo a preguntar: ¿por qué ante tantas irregularidades, anomalías, despropósitos, excesos legales y corrupción en la administración, los gremios, los órganos de control y de justicia, la CCC, la prensa y la sociedad guardan silencio y no exigen transparencia, ejecución y eficiencia? ¿Qué nos está pasando? ¿Qué es lo que provoca este silencio cómplice, esta indolencia lesiva y esta ceguera selectiva? ¿El mutismo de entidades como la Cámara de Comercio, Fenalco, Camacol, Acopi y Andi les prestará un buen apoyo a sus afiliados locales, mientras el comercio, la industria y la construcción se ven invadidas de comerciantes foráneos beneficiados de forma prevalente por la propia administración municipal?

No, Carlos Mario. Hemos tratado de ver las cosas positivas de la alcaldía y, créame, son tan pocas, que estoy seguro de que, emulando a Álvaro Salom Becerra, usted, con algo de dignidad, terminará siendo “un farsante que se cansará de la farsa, un payaso que detestará el circo”. Con el agravante de que en ese entonces nuestra Manizales estará destruida y algunas personas extrañamente enriquecidas.

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