¿Cómo olvidar?

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

¿Cómo olvidar esos ojitos de ensueño con los que miraba el senador Iván Cepeda a Jesús Santrich, mientras se trasladaban airosos y juntitos en un vehículo, cuando lograron domeñar al país con la complicidad de la JEP y la Corte Suprema de Justicia?

¿Cómo olvidar el tweet del 17 de mayo de 2019 donde el mismo Cepeda expresó: “Mi solidaridad con Jesús Santrich”, porque la justicia tuvo un asomo de dignidad y, luego de liberarlo de su prisión, lo detiene inmediatamente saliendo de la cárcel?

¿Cómo olvidar ese “quizás, quizás, quizás”, cuando le preguntó un periodista a Santrich si estaba dispuesto a pedir perdón por sus atrocidades? ¿Cómo olvidar su cinismo, su descaro, su prepotencia y soberbia?

¿Cómo olvidar a Petro y Cepeda argumentando en la comisión primera del senado, que el “Honorable Representante” Santrich había sido víctima de un entrampamiento de la Fiscalía General de la Nación en el caso que dio origen al pedido de extradición a los EEUU?

¿Cómo olvidar a Santrich haciendo su entrada triunfal al recito de la Cámara de Representantes para posesionarse como congresista, luego de haber sido beneficiario de la mayor impunidad de la justicia colombiana? ¿Cómo olvidar ese séquito de cómplices que lo acompañaban y aplaudían?

¿Cómo olvidar que su grupo terrorista, que hoy reclama espacio político cambiando de nombre, pero manteniendo sus vínculos con el narcotráfico, la delincuencia y el crimen, tiene un prontuario kilométrico de barbarie, desolación y muerte?

¿Cómo olvidar que sus compañeros de congreso, a quienes se les cubrió con la más aberrante impunidad, no han proporcionado la verdad a sus víctimas; que su reparación ha consistido en unas cuantas cabezas de ganado, algunos traperos y escobas, y unos míseros gramos de oro; y que por ende no hay justicia para un país que tuvo que aceptar a regañadientes que se impusiera lo que mayoritariamente rechazó en las urnas?

¿Cómo olvidar a las altas cortes colombianas, a la JEP, al ex presidente Santos, a Humberto de la Calle y a un grueso de la prensa arrodillada o enmermelada defendiendo los derechos supuestamente vulnerados de un criminal que nunca ha dejado de serlo, para evitar su extradición a los EEUU y la posible delación de sus cómplices?

Pues bien, ese criminal defendido hasta la saciedad por quienes posan de adalides de la paz y la justicia, hoy amenaza de muerte al Presidente de la República e irrespeta, con su habitual cinismo, la dignidad de los colombianos. Y esos defensores callan, se acobardan, se esconden en sus madrigueras y omiten pronunciarse. Porque para ellos era claro, como para todos los colombianos, que su defendido era un mafioso, terrorista y activista que solo perseguía burlarse del país, pavonearse por sus instituciones, y demostrar que hay un sector de la delincuencia que está apoderado de Colombia con el auxilio de los tres poderes públicos. Porque para ellos sigue siendo claro que esas Farc que dijeron desmovilizarse, solo trasladaron a algunos de sus cabecillas al congreso y, el resto, siguió delinquiendo y narcotraficando desde vastos territorios hoy impenetrables por nuestro Estado.

Santrich le envía un video al Presidente donde sentencia: “Memento mori. Duque: a todo Procusto le llega su Teseo. Es decir, que a todo marrano gordo le llega su diciembre. Nos vemos.”. Traduzco: “Recuerda que morirás. Duque: a todo tirano le llega su vengador… Nos vemos.”. 

La amenaza descarada salida de un pestilente terrorista, debería mover siquiera a la contrición a  los seguidores de estos políticos que, como Santrich, abusaron de la esperanza de paz de los colombianos para recuperar el poder que tenían diezmado por la presencia del Estado. Como Santrich quedan muchos en nuestra política; en nuestro congreso; en nuestras instituciones. Y algunos de ellos están aspirando a la presidencia, al senado y cámara, y a gobernar en las regiones. Hay que tener demasiado cuidado en 2022, porque con estas lacras reptando dentro de la política, el país se encuentra en serio riesgo de caer en sus redes. Basta mirar el pasado y ver cómo defendían al amenazador para identificar quiénes son esas lacras. ¡No es difícil, porque no hay cómo olvidar!

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