Las mentiras de la revocatoria

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

Hemos visto muy activa a la bodeguita verde tratando de desinformar en las redes sociales sobre las implicaciones del proceso de revocatoria que ayer tomó fuerza legal, y empieza el camino definitivo de recolección de firmas. Y desinforman con la intención de generar caos, enlodar el proceso y mancillar la honra, prestigio y estabilidad de miles de ciudadanos que ya no aguantamos más las aberraciones de esta administración. Por ello, es preciso hacer algunas anotaciones sobre las mentiras que se están multiplicando, y advertir que esa campaña sucia solo traerá más descrédito a la defensa de la alcaldía Espejo-Marín. Ya la ciudad vivió esa misma situación y hoy paga sus consecuencias. Veamos:

Es falso que el presupuesto del municipio se vaya a ver afectado por los costos de la revocatoria. Los dineros que la soportan salen del presupuesto nacional y nada tienen que ver con nuestros recursos locales.

Es falso que el único motivo para revocar a un mandatario sea el incumplimiento del plan de desarrollo y que haya que comprobarlo para que proceda. La ley es clara en contemplar como causal, también, “cuando exista insatisfacción general de la ciudadanía frente a la labor del mandatario o mandataria…”. En nuestro caso, se reúnen las dos causales para que proceda la revocatoria, y la insatisfacción quedará plasmada simplemente al reunir el número de firmas mínimas para que sea convocada la votación (menos de 30.000).

Es falso que los promotores de la revocatoria provengan de algún directorio político o que detrás de ellos estén las intenciones proselitistas de individuos con aspiraciones electorales. He tenido la oportunidad de hablar largamente con ellos y comprobar el esfuerzo ingente que hacen por llevar a cabo este mecanismo de participación, alejando pretensiones de personas que se acercan con ánimos personales.  

Es falso que haya una persecución personalísima y ánimos revanchistas. Se está tratando de revocar al alcalde, pero no por la persona en sí, sino por su comportamiento, su mitomanía, su perversión, su corrupción y su concierto con la mafia que maneja tras bambalinas los hilos del poder, encabezada por Jorge Arturo Espejo Rivas. Lo mismo le pasaría a cualquier alcalde, de cualquier partido, si accediera al poder a través de mentiras, escándalos, lloriqueos, calumnias, injurias y posiciones de mártir y, ya en el poder, se transformara en el lobo que acecha el presupuesto, la burocracia y la administración en la forma en que lo hacen Carlos Mario y su combo.

Es falso que se esté desfigurando la ley por pretender revocarle el mandato a alguien que llegó al poder con una cantidad inmensa de votos. Por el contrario, los mecanismos de participación (como la revocatoria del mandato) están contemplados en nuestra legislación como refuerzo a la democracia y como un sistema que obliga a que la responsabilidad de alcaldes y gobernadores sea absoluta y durante todo el tiempo para el cual fueron elegidos. Si lo hacen bien, saldrán premiados; si lo hacen mal, podrán ser castigados por el mismo pueblo que cayó en sus redes de campaña.

Es falso que la ciudad se paralice por efectos del proceso revocatorio. Si en la administración existe una adecuada planeación y la organización administrativa es la que dice tener Carlos Mario, la totalidad de los procesos deben seguir su marcha, pues no hay limitaciones presupuestales, procesales ni contractuales. Por el contrario, el mandatario debe demostrar que efectivamente sabe administrar y que tiene la capacidad de reaccionar ante las adversidades. Otra cosa es cuando se está lleno de improvisaciones, corrupción e intenciones non sanctas: ahí sí se verán truncos los procesos, las ejecuciones y las contrataciones que estaban diseñadas para el beneficio de unos pocos. ¿Y a quién le perjudica que estas aberraciones se trunquen o acaben?Estas y otras muchas más mentiras empezaron a proliferar en las redes sociales y es necesario depurar la información. Manizales debería aprovechar esta coyuntura para reaccionar de una vez por todas y elevar la altura de los debates políticos y de participación. No podemos seguir cayendo en la trampa de votar de acuerdo con el caudal de lágrimas del candidato, o por el calibre de sus insultos e improperios

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