Alcalde corrupto

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

“Por omisión y negligencia también se incurre en corrupción y ustedes lo saben. Porque se dejan de hacer las cosas.”. “Genera gran preocupación la gestión presupuestal de #Cartagena, es inaudito que ante tantas necesidades haya más de 88 mil millones de pesos congelados por la inacción de un Gobernante…”. “…Estamos preocupados por la ejecución presupuestal de la ciudad. Ejecutar los recursos públicos es gobernar. Los recursos públicos son para gastarlos en beneficio de la sociedad, y frente a una inacción simplemente hay que prender las alertas.”. Las anteriores son algunas de las intervenciones del Procurador General de la Nación, Fernando Carrillo, en contra del alcalde de Cartagena, a quien acusa de corrupto por su inacción, omisión y negligencia.

Pues bien, mientras el Procurador General se desvela por la corrupción que impera en la ciudad de Cartagena,  por no haber invertido 88 mil millones de pesos, en Manizales se hace caso omiso por peor inacción, omisión, y negligencia del alcalde Carlos Mario Marín. Porque mientras en Cartagena, con un presupuesto de $ 1,93 billones año 2020, el Procurador pretende procesar al alcalde por dejar de invertir 88 mil millones, en Manizales, con un presupuesto de $ 630 mil millones a octubre 31 de 2020, se dejan de invertir $ 123.646 millones (Ver infografía extraída de respuesta oficial a derechos de petición), y la PGN guarda silencio cómplice, connivente y aberrante. Es decir: en Colombia se es corrupto solo si no se cuenta con el favor del Procurador General de la Nación; pero si un delincuente comete peores delitos y tiene la fortuna de ser su amigo, simplemente se cobija el delito, se tapa el daño, se omite el proceso, se cohonesta el comportamiento y reina la impunidad. ¡Y que vivan entonces Marín y Espejo! 

De algo le tuvieron que servir los loores, genuflexiones, invitaciones a actos proselitistas, zalemas y exaltaciones que Carlos Mario le rindió al Procurador Carrillo mientras hacía su campaña circense. De algo le tiene que servir que sean copartidarios en el grupo de Claudia López. Hoy vemos los frutos de una vergonzosa impunidad orientada directamente desde el Ministerio Público, que omite proceder en contra del alcalde más corrupto que hemos tenido en la historia de Manizales.

Y, aunque puede sonar exagerado aquello de que sea el alcalde más corrupto, remito al lector a una simple reflexión: en anteriores administraciones, por perversas que fueran, siempre hubo algo de respeto, temor, consideración, recato y pudor; había órganos de control y de justicia prestos a manifestarse ante las denuncias; había una sociedad expectante, avizora, auditora, vivaz; había unos medios de comunicación con voluntad para denunciar, y unos comunicadores con la valentía suficiente para hacerlo. Había, en fin, una sociedad y gremios despiertos y dispuestos a defender la ciudad por encima de intereses personales o cantos de sirena.

Pero hoy, además de tener una administración totalmente inescrupulosa, mitómana, cretina, perversa, corrupta, inepta, mediocre y mezquina, es irrespetuosa, desafiante, desconsiderada, impudorosa y sin recato; unos órganos de control y de justicia inoperantes, desidiosos, cómplices, silenciosos, atemorizados, selectivos y conniventes; una sociedad pacata, resignada, arrodillada, genuflexa y complaciente; unos medios de comunicación reverentes con la corrupción, temerosos de gobernantes que no lo merecen, e impávidos ante las aberraciones públicas; y algunos comunicadores que terminan cómplices de la destrucción y el saqueo de la ciudad. Y esto, en su conjunto, se convirtió en una patente de corso para este gobernante que, sin escrúpulos de ninguna naturaleza, sabe que puede saquear las arcas sin castigo, cometer descaros sin reatos, atentar contra nuestras libertades sin controles, y mentir sin sonrojarse porque simplemente sus mentiras, tarde o temprano, serán amplificadas en los medios sin posibilidad de contradicción, y las denuncias olvidadas en los anaqueles de la justicia haciendo alarde de impunidad.

Con estas facilidades es casi lógico que el alcalde, Carlos Mario Marín, sea entonces el más corrupto que hayamos tenido en Manizales. Porque, además de haberse comprobado que sus actos delictivos no tienen límites, ni él vergüenza, la propia sociedad le está facilitando su desfachatez. ¡Pobre mi Manizales!

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