Carta al presidente Iván Duque

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

Respetado Señor presidente:

En sus alocuciones diarias por televisión he visto cómo se preocupa Usted por el manejo transparente de los recursos del Estado, y cómo insta al ciudadano para que denuncie las irregularidades que conozca, ya que supuestamente los órganos de control y de justicia se encuentran en su misma tónica de agilizar los procesos y adelantar las investigaciones, alineados con sus propósitos de transparencia, ejecución presupuestal diáfana y persecución a la delincuencia.

Pues déjeme decirle, doctor Duque, que en Manizales está pasando algo desastroso y no encontramos ya a quien acudir para que nos ayude a controlar los desmanes administrativos, presupuestales, económicos, laborales y disciplinarios en la administración municipal. La alcaldía de Manizales es a diario objeto de irregularidades procedentes de los más altos cargos, empezando por el propio alcalde, Carlos Mario Marín Correa, su mentor y dominador de hecho, Jorge Arturo Espejo Rivas, y algunos secretarios del despacho y gerentes de institutos descentralizados. Cada día, repito, se destapa un nuevo escándalo que trasciende las finanzas del municipio y sus entidades, y no encontramos acción alguna de los órganos de control y de justicia.

En mi caso personal, he instaurado denuncias y demandas desde el mes de junio de 2020 y este es el momento en que ninguna de ellas ha trascendido la recepción de cada entidad. Hay denuncias en la Fiscalía General de la Nación totalmente paralizadas y sin noticia de inicio de investigación; en la Procuraduría General de la Nación, que se limita a contestar que el quejoso no tiene acceso al proceso; en la Contraloría General de la República, que anuncia acciones y genera traslados de situaciones inocuas, obviando lo verdaderamente importante; en la Personería Municipal, que recibe traslados de la Procuraduría y los somete a un eterno silencio dilatorio; y en la Auditoría General de la República, que nada hace al respecto. 

Yo me pregunto entonces, señor Presidente: ¿valdrá la pena denunciar en una ciudad donde los órganos de control y de justicia parecen servirle de mampara a quienes abusan de su poder, del presupuesto, de la administración y de los recursos estatales? ¿Valdrá la pena exponerse al denunciar, si el denunciante solo consigue la carga de enconados enemigos y persecuciones inclementes, mientras el denunciado se solaza haciendo gala de la protección de quienes lo deberían controlar y penar? ¿Corresponde este mar de impunidad con su discurso diario de voluntad para castigar el crimen y la corrupción?

¡No, doctor Duque! Con todo respeto, creo que Manizales necesita mecanismos más expeditos y transparentes para que las denuncias trasciendan hasta obtener soluciones rápidas. El Estado no puede someterse a que los delincuentes abusen descaradamente de su poder, amparados en el escudo que les otorga la inoperancia de los órganos constitucionalmente encargados de investigar, acusar, procesar y castigar a quienes atenten contra el patrimonio público. Nada nos ganamos con denunciar si seguimos viendo que los denunciados se mofan de la justicia, del pueblo y de sus subordinados, y continúan orondos delinquiendo sin reatos porque se sienten amparados en el burladero de la impunidad.

Los caldenses y manizaleños recibimos con optimismo su visita la semana pasada, y comprobamos su voluntad de aportarle a esta región lo que hemos suplicado durante años. Su presencia nos llena de optimismo y nos permite soñar nuevamente con prosperidad y desarrollo. Pero nuestra ciudad, en particular, necesita de mecanismos extraordinarios de control; necesita de su ayuda para frenar los desmanes que se están cometiendo; necesita de su voluntad y la de las cabezas nacionales de los órganos de control y de justicia para acabar con tanto descaro; necesita de un freno que le ponga fin a estos abusos consuetudinarios que comete la administración municipal. De lo contrario, nada nos ganaremos con su manifiesta voluntad si, en lo local, estamos llenos de fantasías alimentadas por embustes, corrupción, descaro y desenfreno. Nada nos ganaremos con impulsar grandes proyectos mientras no se aten las manos de quienes están ávidos para direccionar su contratación, y sumirlos en un océano de nepotismo y desvergüenza.

En resumen: ¡Necesitamos su ayuda, Señor presidente!

Respetuosamente,

JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

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