Los hechos hablan…

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

¿Que no tengo más temas de qué hablar? ¡Claro que los hay! Pero no me voy a dar por vencido en esta lucha contra una corrupción verde alharaquienta disfrazada de decencia y honestidad. Es triste la desazón que vivimos y el sentimiento generalizado de desgobierno, corrupción, nepotismo, dictadura e improvisación que los manizaleños manifiestan por todos los medios. Por eso voy a hacer un resumen de estos 278 días de desgobierno, respondiendo a la pregunta: ¿Cuáles hechos de esta administración han hablado? 

Que fue de muy buen recibo el apoyo actual de los corruptos, mafiosos, mañosos y ladrones (como tachaba Marín al grupo de Mario Castaño) y hoy se refugia en su cobijo.

Que la alcaldía renuncia al aporte de Chec en el alumbrado navideño, porque no podría entonces direccionar el contrato como hoy lo está haciendo el Invama.

Que obras como las terrazas de la Autónoma y el acueducto de La Cristalina, fueron injustificadamente dilatadas en su terminación, para evitar darle crédito a quien las ideó, ejecutó y construyó.

Que prefieren el desgaste de las obras a punto de terminar, antes que reconocer con gallardía las virtudes de sus rivales.

Que la Ptar está cada vez más trunca por desfinanciada, dilatada, encarecida y direccionada.

Que tenemos una malla vial destruida, unos puentes y parques abandonados y a oscuras, y unas inversiones en lo básico paralizadas.

Que cunde la inseguridad en la ciudad y el índice de homicidios se desborda ante la mirada inepta de la administración.

Que el direccionamiento de contratos es la constante en Erum, Aguas de Manizales, Invama, Infimanizales y, en general, la propia alcaldía. (¿Se les olvidó Telecafé y AM Copianno? A mi no…)

Que el nepotismo es el común denominador en la administración y que el poder de la alcaldía está en manos de una mafia perversa, ambiciosa, repudiable y opresora.

Que hay un manto encubridor de los órganos de control y de justicia que han permitido que las cosas pasen sin consecuencias.

Que cursan procesos en todos esos órganos y no hay forma de acelerarlos, por arte de una injerencia extraña, arcana y degradante.

Si Carlos Mario: ¡Los hechos hablan! Lo malo es que pueden hablar bien o mal y, en nuestro caso, lamentablemente hablan muy mal de lo que tenemos. Hablan muy mal de un alcalde que solo hace presencia en eventos pueriles y es reemplazado por el capo en sus decisiones importantes; hablan pésimo de una administración que pregona transparencia y en la práctica es totalmente opaca, oscura, sucia y aviesa. Aunque también tiene cosas buenas, como por ejemplo… ¡¿Mmm…?!

-o-

Y a propósito del capo, dentro de la administración municipal y en las entidades descentralizadas, se sabe que es en Espejo en quien se han delegado muchas de las funciones del alcalde, y que él se ha arrogado poderes que no le corresponden, con la aquiescencia de Marín. Pues bien, esto no puede quedarse en solo una denuncia mediática: el numeral 31 del art. 35 del Código Único Disciplinario prohíbe expresamente a los servidores públicos: “Tener a su servicio, en forma estable para las labores propias de su despacho, personas ajenas a la entidad”. ¿Será que los órganos de control y de justicia no conocen esta ley? Pues entonces la cuento públicamente para que avoquen, de oficio, las investigaciones sobre la irregularidad evidente que comete el alcalde Marín, al delegarle poderes a Jorge Arturo Espejo Rivas en los asuntos más importantes de la administración. 

Y como sé de la ineptitud de los órganos mencionados (o la connivencia con esta administración), sugiero allegar testimonios de muchos funcionarios que dan fe de las actuaciones del capo Espejo como amo, señor, dueño, patrón, administrador, director, ejecutor y poderoso en la administración de Carlos Mario Marín Correa. Es una investigación sencilla, pues no hay nada más demostrativo que el tiempo para la estabilidad; y la ejecución de las órdenes, para comprobar el poder de decisión que han delegado. ¡Ahí les queda pues!

-0-

Tal vez las directivas de Efigas no se han dado cuenta, pero algunos de sus funcionarios que hacen visitas domiciliarias están desbordados en sus actuaciones. Los atropellos que cometen son consuetudinarios e inauditos. 

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