Apoyo a Luis Carlos

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

A raíz de mis últimas columnas en donde se develan aberraciones de la administración municipal, he recibido innumerables voces de apoyo, aliento y solidaridad, pues la denominada “bodeguita verde” no guarda escrúpulos para atacarme en mi persona, actividad, familia y dignidad. Trata de desvirtuar mediante insultos, ofensas, injurias y descalificaciones personales lo que no es capaz de hacer con argumentos. Entiendo su impotencia, y espero que esa bodeguita verde no esté financiada con recursos públicos; pero además que entiendan que lo mío no es oposición, sino la delación de violaciones legales. ¡Algo muy diferente!

De muchas de esas actuaciones he interpuesto denuncias en la Contraloría, Procuraduría y Fiscalía, entidades que a diario aparecen en los medios anunciando acciones e intervenciones pero que, en Manizales, han brillado por su ausencia y efectividad. En el caso de la Contraloría, he advertido una tendencia nociva de fungir como defensora del alcalde y su administración. Parece olvidar que su función como máximo órgano de control fiscal, es la de procurar el buen uso de los recursos y bienes públicos, y para ello tiene que obrar con imparcialidad y objetividad. En cuanto a la Procuraduría y la Fiscalía, toda denuncia que llega a esas instituciones tiende a eternizarse, los procesos se vuelven insondables y la escueta respuesta siempre es: está en curso. ¡Qué tristeza!

Este preámbulo para advertir que una de las diatribas en mi contra, consiste en decir que mis denuncias obedecen a un resentimiento porque ganó el candidato contrario al de mi gusto en las pasadas elecciones. Lo primero es que, si las cosas estuvieran funcionando dentro de la legalidad, sindéresis y honestidad en Manizales, no habría pie para denunciar. Y lo segundo es que, en la gobernación también ganó el candidato contrario, y le reconozco a Luis Carlos Velásquez públicamente su capacidad de trabajo, nobleza, efectividad y disposición para componer y recomponer el camino. En el caso de la gobernación de Caldas, afirmo con certeza que el no haber ganado, no significa haber perdido. 

Caldas merece vivir en paz política para ver si podemos sacar adelante los grandes proyectos que nuestra propia pequeñez se ha encargado de truncar. Hoy tenemos un gobernador bueno, joven, con ganas de hacer, construir y edificar proyectos de envergadura, y ya se asoman los enemigos políticos a tratar de torpedearlos, porque nada puede ser construido sin su aquiescencia, ni realizado sin su consejo. El tiempo que hemos desperdiciado en riñas partidistas, politiqueras, viscerales, viles e injustas, ha desencadenado que en Caldas haya habido nueve gobernadores en los últimos nueve años, y generado un tropiezo de incalculables consecuencias en nuestro desarrollo. 

Porque estas riñas generan inseguridad jurídica, mala atmósfera, desprestigio, pérdida de credibilidad, oportunidad, tiempo y ayuda. Todo lo que hagamos en contra de nuestro departamento con el fin perverso de dañar a su gobernante, se devuelve con creces en nuestra contra. Todas las acciones que el opositor emprenda para truncar sin fundamentos los proyectos de un gobernante, serán obstáculos que no podrá sortear el día que llegue al poder. Es decir, significa acabar con la empresa que aspira a dirigir, desde antes de llegar a su dirección; o derrumbar con saña e inconciencia el edificio que aspira a habitar. ¡Es un harakiri!

Y no es que quiera censurar la oposición. ¡No! Un opositor válido y argumentado, aporta mucho más que un adulador redomado. Un opositor que pretenda corregir el rumbo y encausar las acciones del gobernante, termina siendo el mayor soporte administrativo y un seguro de protección legal y económica. Lo que necesitamos es acabar con esos enemigos que en Caldas son los propios coterráneos, quienes durante años se han consumido las grandes empresas, y hoy quieren truncar nuestro desarrollo. Acabar con esos opositores que ayer, mientras se enriquecían con nuestros grandes proyectos, los defendían para explotarlos a sus anchas; y ya hoy, cuando no se pueden lucrar de ellos, los tachan de inviables, peligrosos y desechables.

Repito: el no haber ganado no significa haber perdido. En el caso de Luis Carlos Velásquez, todos hemos ganado, y como gobernador merece nuestro apoyo.

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