En defensa de la Universidad de Manizales

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

A la Universidad de Manizales la acecha un gravísimo peligro; la rodea una severa enfermedad; la amenaza una plaga dañina, lesiva, corrosiva, mortal; la acosa un virus que suele postrar todo lo que toca, y destruir todo lo que penetra. Se trata de una izquierda dañina, inconsciente, rémora, parásita y destructiva, encarnada en quienes pretenden que todo se les regale, e imponer a la fuerza sus apetitos desbordados. Una fuerza cuyo trabajo, por costumbre, es subterráneamente corrosivo y se vale de la ignorancia, necesidad o expectativas de sus semejantes, para posicionarse a través de la mentira o la desinformación. Es la fuerza sindical concentrada en organizaciones como CUT, Sintraelecol, y Sintrachec que, por intermedio del estudiante Luis Alfonso Delgadillo, están procurando la desestabilización económica y académica de la institución, con fines populistas, demagógicos y destructivos.

El citado estudiante representa a su estamento en el consejo superior de la institución y, como tal, ayuda a la toma de decisiones económicas y administrativas fundamentales para la supervivencia de la Universidad. Por sus manos pasan todas las medidas que se adoptan, y tiene acceso a información de primera mano para respaldarla, o argumentar en su contra en caso de discordia. Por eso él tiene que saber muy bien cuál es la situación económica de su Universidad, y ser consciente de que sus pretensiones en relación con las matrículas del segundo semestre de 2020, son imposibles de cumplir. Tiene que saber, además, que las bondades que ofrece la institución para sus estudiantes no se dan en ninguna otra universidad privada, y que con austeridad y decoro se ha conseguido posicionar a la Universidad de Manizales dentro de las mejores de la región.

¿Qué pretenden lograr entonces los movimientos sindicales, a través de su vocero en el estamento estudiantil de la Universidad? ¿Acaso quieren acabar con una institución que nació de la fuerza del trabajador como entidad cooperativa; se transformó con un esfuerzo colectivo arduo y constante; y crece día a día gracias a una labor conjunta y armónica entre directivos, docentes, estudiantes y comunidad? ¿Qué les disgusta de esa Universidad como para atentar contra ella y contra las posibilidades de miles de estudiantes que se benefician de su existencia? ¿Por qué pretender que una empresa privada, que se rige por sus propios estatutos y tiene unas reglas establecidas (previamente conciliadas entre los diferentes estamentos), ceda a presiones externas agresivas? ¿Qué reclaman los sindicatos ajenos a la Universidad, y con qué autoridad exigen prebendas, concesiones y condiciones desbordadas? 

No creo que el representante estudiantil desconozca los beneficios que la Universidad ofrece a sus estudiantes, pues él es beneficiario de una beca del 100 % de sus estudios; es decir, estudia gratis en una institución privada y, además, parte de su familia se beneficia laboralmente de la institución que hoy pretende destruir. Pero, por si solo conoce entonces lo que directamente aprovecha, le recuerdo a él, y les informo a las organizaciones sindicales que lo aúpan, que la Universidad ofrece beneficios a cerca de cuatro mil estudiantes: becas que oscilan entre el 40% y 60% de descuento en las matrículas para estudiantes que simultáneamente trabajen; becas por rendimiento académico, representación deportiva o cultural institucional; financiación de la matrícula directamente por la Universidad sin intereses los dos primeros meses, etc. 

Ante estos, y otros incentivos adicionales que ofrece la Universidad de Manizales, el representante estudiantil no tiene argumentos, pero, amparado en el oportunismo sindical y amenazando con su ayuda, exige gratuidad o descuentos desbordados que se acerquen a ella. ¡No señores! La empresa privada no puede soportarse en planteamientos demagógicos ni en pretensiones asistencialistas; para eso está el Estado. De ahí que los estudiantes que no estén de acuerdo con las medidas adoptadas por la Universidad de Manizales, con sus alivios, becas, financiaciones, esfuerzos financieros y ayudas ofrecidas, tienen la libertad de buscar otras instituciones donde todo sea subsidiado, sin importar la calidad. No se matriculen en esta, y déjennos tranquilos a quienes deseamos seguir construyendo una Universidad que verdaderamente valoramos, queremos y defendemos. 

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