No es hora de mezquindades

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

En estos momentos de pánico por los que atraviesa el mundo entero, no creo que haya algún gobernante de país, provincia, departamento o municipio que no sienta sobre sus hombros el peso inmenso de su obligación de velar por la vida de sus gobernados y de afrontar las consecuencias de una pandemia nunca antes vista. Y lo peor en Colombia, es afrontar esta situación sin recursos suficientes, sin infraestructura, sin cultura y con actores politiqueros que tratan de aprovecharse del mal común para ganar réditos personales.

Por eso, hoy más que nunca, tenemos que rodear a los gobernantes. Tenemos que hacer un frente común para que, entre todos, podamos controlar esta crisis y salir de ella lo mejor posible. No es hora de mezquindades, rivalidades, odios, resquemores o acciones viles. Por el contrario, tenemos la obligación de contribuir para paliar una situación que dejará unas consecuencias imprevisibles en las que poco valdrá el poder, la vanidad y la prepotencia.

Si los ciudadanos del común, a quienes se nos pide aislarnos como único aporte, sentimos desespero e impotencia, ¿qué podrán sentir nuestros gobernantes? ¿Qué podrá sentir quien está al frente de una responsabilidad gigantesca para la que se requieren millonarios recursos, inmensas capacidades instaladas y buena disposición humana, y solo cuenta con migajas, ruinas y críticas?  ¡No señores! ¡No más enfrentamientos que solo logran desgastar a quienes nos dirigen y distraer su tiempo en banalidades! ¡No más oportunismo, cuando lo que necesitamos es soluciones! ¡No más ataques rastreros, cuando lo que requerimos es unión y colaboración!

En Colombia el presidente, los gobernadores y los alcaldes son la tripulación de una nave en la que vamos todos, y a quienes elegimos para que la condujeran. Hoy necesitan de nuestra ayuda para que esa nave no zozobre; y si nosotros, en lugar de ayudar contribuimos a que se vaya a pique, nos estamos es suicidando. Nada obtenemos con aprovechar esta coyuntura para ganar terreno político, si al final del día vamos a naufragar todos. Nada nos ganamos con disfrutar de ver esos gobernantes desesperados y sufriendo, si ese desespero y ese sufrimiento terminarán acabando con nosotros mismos. Nada nos ganamos con solazarnos de ver que nuestros contrarios políticos se están desgastando, cuando ese desgaste significará nuestra ruina o, en últimas, nuestra vida.

En mi caso, es imposible ocultar mi concepto sobre el alcalde Carlos Mario, pues he sido su más implacable y directo crítico. Pero hoy invito a que lo respaldemos y a que actuemos con nobleza y altruismo. Su carga es demasiado pesada y en la medida en que le ayudemos a soportarla podremos rescatar nuestra ciudad, nuestra economía, nuestras escuelas, colegios y universidades, nuestro comercio, nuestras industrias y nuestra vida. Nada nos cuesta acatar las instrucciones que imparta pues, aunque algunas veces las veamos equivocadas o no las compartamos, necesariamente están orientadas a nuestra seguridad y supervivencia. Ya llegarán tiempos de aguas mansas para confrontaciones políticas o enfrentamientos conceptuales. Pero ahora requerimos de unión, trabajo unido y comprensión.

Lo mismo pasa con el Gobernador y el Presidente. Ellos también requieren de nuestra colaboración, de nuestro aporte y de nuestra paciencia. Y aunque se presenten enfrentamientos en sus decisiones, o incoherencias en sus directrices, tenemos que entender que están afrontando una situación totalmente imprevista y de una magnitud inconmensurable. No es momento de rencillas politiqueras.

¡Cómo me duele mi ciudad, mi departamento, mi país…! ¡Cómo me duele ver la inconciencia de la gente que se aglomera en las calles sin necesidad; permanece en los parques sin obligación; y desatiende las directrices impartidas! ¡Cómo me desesperan estos irresponsables que siguen poniendo en riesgo nuestras vidas por asumir una actitud desafiante, torpe y criminal!

Deberíamos contagiarnos de nuestros comerciantes reunidos en el grupo “La ciudad de la noche” en Manizales, que han estado desde el primer momento, y por iniciativa propia, dispuestos a sacrificarlo todo, a entregarlo todo y a colaborar con todo. Aún a costa de su estabilidad económica. ¡Nos están dando una gran lección!

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