Degradación docente

POR: JORGE ENRIQUE PAVA QUICENO

El señor Jhon Quintero, en una comunicación dirigida al director de La Patria, expresa lo siguiente: “Como docente activo le pido al señor Jorge Enrique Pava que antes de hacer sus escritos se documente muy bien. ´Paremos de recibir tres pensiones como docentes jubilados´, afirmación que es completamente falsa ya que los docentes antiguos del año 80 para atrás tienen derecho a una pensión de gracia y otra de jubilación, o sea solamente dos, y los nombrados después del año 1980 solo reciben una, la pensión de jubilación. Por último, quiero decirle que nuestros reclamos son justos y que seguiremos luchando por una igualdad social; por favor no nos ponga en el paredón frente a la comunidad”.

Tiene razón el señor Quintero. Mi confusión radica en que, si bien es cierto que los docentes “antiguos del año 80” tienen derecho “solamente” a dos pensiones, también lo es que tienen derecho a seguir laborando hasta cumplir 65 años de edad. Es decir, tienen derecho a recibir tres asignaciones provenientes del Estado (mientras existen docentes desempleados en todo el territorio nacional), al contrario de lo que consagra nuestra Constitución para los demás ciudadanos, a quienes nos está prohibido recibir más de una asignación que provenga del tesoro público. 

Pero el problema no es este. El problema radica en que esos logros exclusivos para un gremio que exige cada vez más, y a su vez se esfuerza cada vez menos por dignificar su oficio, genera resquemor en la sociedad y es factor determinante de la desigualdad social. Los logros de esa lucha son repelidos por el país, pues vemos una educación que decrece en calidad (ver resultados de pruebas PISA) y una juventud inmersa en un sistema educativo basado en el adoctrinamiento, y orientado por dirigentes sindicales que se amparan en la libertad de cátedra para generar resentimientos, venganzas y miopía intelectual.

Pero además, el actuar prepotente, dictatorial, soberbio y exigente de los directivos de Fecode quienes, en actitudes desafiantes de “Usted no sabe quien soy yo”, agreden a la fuerza pública, decretan paros ilegales, interfieren en la libre locomoción de los ciudadanos, y promueven manifestaciones públicas en las que exponen niños de escuelas y colegios a ser víctimas de la violencia, cada vez causa más rechazo en la sociedad y desprestigia aún más una organización que perdió su norte.

Los docentes juegan un papel definitivo en el desarrollo de los pueblos. En tiempos remotos, cuando se atendían principios educativos de valores, conocimientos, respeto a las instituciones, atención a las leyes, y la sociedad giraba entorno al ser humano y su formación integral, los docentes estaban en lo más alto de la escala social. Eran mirados con respeto y se constituían en paradigmas de los estudiantes y las familias. Pero ellos mismos se han encargado de devaluar su imagen y de hundirse en la degradación. Muchos docentes ejercen su oficio como multiplicadores de resentimientos y odios en los estudiantes, poniéndolos al servicio de la subversión y cuyos resultados todos conocemos.

Y son esos docentes quienes terminan degradando al gremio y quitándole autoridad ante los estudiantes, la familia y la sociedad. Porque, entre otras cosas, no tienen en cuenta los grandes perjuicios que le causan a cientos de miles de personas y familias que se ven afectadas por paros ilegales en un servicio público esencial. ¿Cuánto le cuesta a un padre de familia sostener un estudiante universitario que se atrasa dos o tres semestres en su carrera? ¿Qué hacen los padres de familia con sus hijos pequeños, si su jornada escolar se interrumpe abruptamente y tienen que dejarlos solos para ir a trabajar? ¿Con qué suplen la alimentación escolar en días de paro, los niños de escuelas que reciben sus raciones diarias en las instituciones públicas? ¿Con qué confianza se envían los niños a estudiar si van a quedar en manos de docentes irresponsables para quienes los valores humanos son irrelevantes?

Entonces, señor Quintero: yo no soy quien los pongo en el paredón frente a la comunidad. Son ustedes mismos quienes se han encargado de desprestigiarse, devaluarse, degradarse y marcar desigualdades que terminan ampliando la brecha social.

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